Póngale usted el título que quiera – Gustavo Hernández
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Póngale usted el título que quiera – Gustavo Hernández

$200.00

Póngale usted el título que quiera es una obra con al menos dos libros. En las páginas impares, el reto de empezar cada poema con el mismo verso nos descubre frente a un espejo donde somos la posibilidad que no fuimos: empezar por desconocernos, por querer ser otro, por ser ese otro y hablar con las plantas, por escribir los poemas que nos pasan, por ver el humo de las naves quemadas… en cada poema, un itinerario situacional y afectivo nos anticipa lo que las páginas pares nos iluminan con la misma frecuencia con la que nos oscurecen: en las pares, el poeta dialoga con un sí mismo que podría ser cualquiera de nosotros. Con el cronopio de sí mismo, con el alter ego, o con el desventurado Mateo haciendo una declaratoria de amor – odio para insistir en sus abismos.
En las impares navegamos de a muertito mientras lustramos el collar con el que nos encadenan, o nos atamos a la nave que ya zarpa en vez de quemarla, como el antónimo del héroe que somos en esta ciudad que no es nuestra, andando por calles que no nos llevan a ningún lado. En las pares nos preguntamos a dónde habremos de llegar entre ruinas, rosales y espinas, o nos percatamos de que, como en la vida, las cuentas nomás no salen. Y en ese diálogo, separado apenas por el puente de una hoja, reconocemos al poeta, a la pedacera de inicios que se ha vuelto de insistir en contrariar al pequeño Golem que lleva dentro. Reconocemos al cronopio-poeta, capaz de reiniciarse a cada nueva cagada de las que acumula varias al día.
Póngale usted… es un poemario que es dos o tres poemarios, y es también el relato de las tragedias cotidianas del hombre que –no está de más recordarlo- sonríe sus desgracias vallejianas con el hocico roto, blindado apenas por la palabra «paracaídas» y la bendición de Huidobro. Están aquí los milagros atemporales del mexicano universal que sobrevive a sus políticos con un «humorismo doloroso», y están aquí las recetas de autoayuda más inútiles (si es que hay libros de autoayuda que no sean inútiles) y más absurdamente bellas que podamos leer durante la mañana, cuando más necesitamos de resetear nuestra suerte. Para la ciencia, el cronopio que flota en los poemas de este libro es un reflejo anti humano, un paradigma de hombre cognitivamente no estratégico. Para los poetas –que están más cerca de la locura, y por lo tanto, de la verdad- este cronopio que carece de toda pericia vital es simplemente el hombre en su circunstancia de no ser cenzontle.
Póngale usted el título que quiera no es una Rayuela en su complejidad estructural, pero podría ser un changai, ese juego al que le bastaban dos palos, un hoyo en la tierra y tres formas de lanzar, tan lejos como fuera viable, la suerte del contrario; tan lejos que le fuera imposible acercarse a nuestros abismos. No es un libro que nos explique cómo hacer poemas; es un libro que nos explica cómo hacer poesía.

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Descripción

Póngale usted el título que quiera es una obra con al menos dos libros. En las páginas impares, el reto de empezar cada poema con el mismo verso nos descubre frente a un espejo donde somos la posibilidad que no fuimos: empezar por desconocernos, por querer ser otro, por ser ese otro y hablar con las plantas, por escribir los poemas que nos pasan, por ver el humo de las naves quemadas… en cada poema, un itinerario situacional y afectivo nos anticipa lo que las páginas pares nos iluminan con la misma frecuencia con la que nos oscurecen: en las pares, el poeta dialoga con un sí mismo que podría ser cualquiera de nosotros. Con el cronopio de sí mismo, con el alter ego, o con el desventurado Mateo haciendo una declaratoria de amor – odio para insistir en sus abismos.
En las impares navegamos de a muertito mientras lustramos el collar con el que nos encadenan, o nos atamos a la nave que ya zarpa en vez de quemarla, como el antónimo del héroe que somos en esta ciudad que no es nuestra, andando por calles que no nos llevan a ningún lado. En las pares nos preguntamos a dónde habremos de llegar entre ruinas, rosales y espinas, o nos percatamos de que, como en la vida, las cuentas nomás no salen. Y en ese diálogo, separado apenas por el puente de una hoja, reconocemos al poeta, a la pedacera de inicios que se ha vuelto de insistir en contrariar al pequeño Golem que lleva dentro. Reconocemos al cronopio-poeta, capaz de reiniciarse a cada nueva cagada de las que acumula varias al día.
Póngale usted… es un poemario que es dos o tres poemarios, y es también el relato de las tragedias cotidianas del hombre que –no está de más recordarlo- sonríe sus desgracias vallejianas con el hocico roto, blindado apenas por la palabra «paracaídas» y la bendición de Huidobro. Están aquí los milagros atemporales del mexicano universal que sobrevive a sus políticos con un «humorismo doloroso», y están aquí las recetas de autoayuda más inútiles (si es que hay libros de autoayuda que no sean inútiles) y más absurdamente bellas que podamos leer durante la mañana, cuando más necesitamos de resetear nuestra suerte. Para la ciencia, el cronopio que flota en los poemas de este libro es un reflejo anti humano, un paradigma de hombre cognitivamente no estratégico. Para los poetas –que están más cerca de la locura, y por lo tanto, de la verdad- este cronopio que carece de toda pericia vital es simplemente el hombre en su circunstancia de no ser cenzontle.
Póngale usted el título que quiera no es una Rayuela en su complejidad estructural, pero podría ser un changai, ese juego al que le bastaban dos palos, un hoyo en la tierra y tres formas de lanzar, tan lejos como fuera viable, la suerte del contrario; tan lejos que le fuera imposible acercarse a nuestros abismos. No es un libro que nos explique cómo hacer poemas; es un libro que nos explica cómo hacer poesía.

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